MP3 sin plomo. ¡Lleno!, por favor
Hoy he estado haciendo las compras en un centro comercial, y he pasado por la sección de venta de discos.
Estaba desierta. He mirado hacia donde se venden películas en DVD y había alguna que otra persona, revisando las características del film y dudando de si echarlo o no al carrito. Por si estaba en las horas bajas del centro, he mirado en otras secciones, y se veían más personas. Incluso en la de venta de libros, que se encuentra colindante, habia un buen grupo de personas hojeando algún que otro libro. Sábado al mediodía. Las cajas abarrotadas.
La industria discográfica se afana en echar la culpa de todo esto a Internet. A las descargas, desde su punto de vista ilegales. Y es que no se hacen a la idea, de que nada va a volver a ser como antes.
No hay que ver fantasmas, sino hacerse a una realidad, a un cambio, que lo voy a expresar de una forma metafórica:
Hace muchos años, nuestros antepasados, viajaban de un lado a otro en caballo (tracción animal quiero decir). Para que el medio de transporte funcionase, aparte de contar con alguien que supiera “conducir” necesitábamos darle combustible. En este caso, hierba, heno o similar.
El mundo avanzó, y les quitó a los caballitos un peso de encima. Se inventaron los coches que bajo ese punto de vista hacían la misma función: Conductor y combustible, que en este caso, se llama gasolina.
En ese momento, los señores que vendían la hierba para los animales no comprendían por qué estaban bajando sus ventan, e incluso culparon de ello a la gente que tenia la perversa idea de montar en un “caballo de metal” en lugar de hacerlo en el de carne.
Sin embargo, otros, vendieron todo lo relacionado con la hierba, y tras mucho ahorrar, compraron una gasolinera.
Lo mismo, sucede con la industria discográfica. “Es que la gente se lo baja de internet, y no vendemos discos”. Señores, que las personas, ahora tienen unos aparatos pequeños, ligeros y de gran capacidad y calidad, que se llaman reproductores MP3. Y a un reproductor de MP3, el combustible que se le da, no se llama disco, sino fichero MP3 que se consigue cómodamente por internet.
Mientras unos chillan, otros (como SONY, Warner, etc.) ya se afanan en ofrecer gratis su música por la red. Sony especialmente fue muy dura tratando de ir en contra de la copia de discos, recordemos aquel episodio en el que informáticos le pillaron las técnicas de rootkit que empleaban en algunos discos, instalando programas de forma oculta en los ordenadores. Se les pilló, se hizo público y tuvieron que pedir disculpas ante el bochorno general.
La música sigue siendo un bien cultural muy preciado y apreciado, pero ha cambiado la forma de distribución. Quienes primero estén, golpearán dos veces. iTunes, el servicio Online de Apple, acaba de anunciar que ya ha vendido (repito VENDIDO, no regalado) su canción numero 5.000 millones. O 5.000.000.000 si lo veis mejor. A un dolar de media por cada canción…. hagan números.
Y las discográficas siguen empeñadas en hablarnos de un disco de policarbonato, que es mas grande en tamaño que cualquier reproductor MP3 de bolsillo.
Los autorradios ya pueden leer MP3, las cadenas de casa, también. ¿Para que queremos un Compact Disc?
Por último, reseñar una cualidad importante… y es que cuando comprábamos un disco, venían 14 canciones, de las cuales para nuestro gusto, 3 eran buenas, 5 pasables y las 6 restantes…. intragables. Y tenías que comprarte todo el lote.
Ahora, te descargas las canciones que te gustan, y desechas las que no.
Así, mezclando artistas, logras tener en un solo dispositivo, la música que de verdad te gusta.
Así que señores fabricantes y distribuidores de Compact-disc musicales. Nadie les ha quitado su queso. Simplemente ahora está en otro sitio, y dejen de mirar el almacén que hace un tiempo estaba repleto de tacos de quesos de todos los sabores, y muévanse ustedes buscando la nueva ubicación.
